Audiolibros LibriVox

Las jaurías de la luna

Leído por Alba


Ramón Gómez de la Serna



Había tanta luna aquella noche, que la ciudad se había convertido en pueblo, y era penoso leer las largas casas enlunadas como…

La cleptómana de cucharillas

Leído por Alba


Ramón Gómez de la Serna



Era poderosa y aristocrática, pero tenía la obsesión de las cucharillas.  Es esa una cleptomanía co…

El lector de reojo

Leído por Alba


Ramón Gómez de la Serna



Al que lee nuestro diario de reojo no le importa que le miremos con estrábica iracundia. No es que seamos egoístas, es qu…

Los senos cuyo valor desconoce el dueño

Leído por Alba


Ramón Gómez de la Serna



Nadie jamás había tocado sus senos. Habían tenido una perfecta seriedad en su pecho. Estaban reservados para que muries…

Los senos de verdadero Sévres

Leído por Alba


Ramón Gómez de la Serna



En casa del anticuario apareció la fina mujer, cuya cintura se cimbreaba en la luz. —¿Qué desea? ¿Me trae alg&u…

La pensión

Leído por Alba


James Joyce



Las hermanas

Leído por Alba


James Joyce



Los mudos

Leído por Alba


Amado Nervo



Aquella tarde, en el paseo, llamó mi atención un grupo original. Formábalo una mujer, joven aún, como de trein…

El fantasma

Leído por Alba


Amado Nervo



Para Balbino Dávalos   EL Desierto de los Leones es uno de los sitios más hermosos de la República Mexicana. Im…

El plomo en la entraña

Leído por Alba


Amado Nervo



Muchos años ha que venden por las calles ciertos pajarillos de colores, ya bengalíes, ya verdines, ya simples gorriones, ya …

Los que no quieren creer que son amados

Leído por Alba


Amado Nervo



Se hablaba de Carlos N., un cuarentón distinguido, jovial, a la sazón en París, y alguien dijo: —Vendrá en esto…

La inaccesible novia

Leído por Alba


Amado Nervo



No pasa una semana sin que, en Ginebra o en Lucerna o en Interlaken o en cualquier otra población suiza, un diario publique, indife…

Biarritz

Leído por Alba


Amado Nervo



Y ¡cómo decir el sortilegio de esta playa en que todos los lujos, todas las elegancias, todos los refinamientos, forman contr…

El automóvil de la muerte

Leído por Alba


Amado Nervo



A Enrique Díez-Canedo   Los campesinos estaban indignados, con esa indignación que atropella por todo, que no mide ya…

Pax multa

Leído por Alba


Amado Nervo



Ayer, en una postal de Brujas, escribía yo a un amigo querido: «Éste es uno de los últimos refugios que quedan…

La alegría de mayo

Leído por Alba


Amado Nervo



A vosotros los que vivís en nuestros piadosos climas templados, los que nunca miráis caer las hojas sino cuando hay ya otras…

Santa Isabel

Leído por Alba


Amado Nervo



Cuando expiró, no sé quién de los presentes dijo, con cierta indiferencia semicompasiva: —Ya cesó de sufrir. Y …

La última diosa

Leído por Alba


Amado Nervo



A Alfredo Vicenti   Las fuerzas interiores del planeta, en oculta labor, con escondidos movimientos, con solapadas turbulencias, ve…

Diálogos pitagóricos

Leído por Alba


Amado Nervo



En la tarde de un domingo, a la vera de una calzada por donde corren, envueltos en polvo de oro como en una transfiguración, esbelt…

El cofre del Cid

Leído por Alba


Amado Nervo



A Lucas T. Gibbes   Cuando la crisis era más terrible en Eukaria, la gran ciudad del nuevo Continente, el Rey de las Finanza…

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