Crítica Literaria
Solo
Fresnedo dormía profundamente su siesta acostumbrada. Al lado del diván estaba el velador maqueado, manchado de ceniza de ciga…
El poema vivo del amor
Un atardecer de primavera vi en el campo a un ciego conducido por una doncella que difundía en torno de sí nimbo de reposo. Er…
El cuerpo y el alma
Pero es más triste todavía, mucho más triste.
Triste como la rama que deja caer su fruto para nadie.
M&aacu…
Aplastamiento de las gotas
Yo no sé, mira, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con …
Dos sabios
En el balneario de Aguachirle, situado en lo más frondoso de una región de España muy fértil y pintoresca, todo…
Un adulterio
Cuando el tísico llegó malhumorado a su vivienda mandó llamar al intendente.
Después de contarle su aventura le…
El gato
Muchas cosas desagradables se pueden decir o imaginar de John. Pero nunca le sospeché una mentira; tenía demasiado desprecio …
Amé dieciocho veces pero recuerdo solo tres
Para una vida de cuarenta años, pensándolo bien, no es mucho: no prueba ni inconstancia ni falta de seriedad amar dieciocho ve…
Una cena muy original
Fue durante la decimoquinta sesión anual de la Sociedad Gastronómica de Berlín cuando el presidente, Herr Prosit, hizo…
El puñal
En un cajón hay un puñal.
Fue forjado en Toledo, a fines del siglo pasado; Luis Melián Lafinur se lo dio a mi padre, qu…
Kafka En La Orilla
Un libro fantástico, un puzzle de varios personajes y hechos que sorprenden.
La muerte de Iván Ilich
A partir de ese momento empezó un aullido que no se interrumpió durante tres días, un aullido tan atroz que no era posi…
La inmortal
Ama a tu prójimo como te
amas a ti mismo. — Jesús.
Aquí salgo del seno profícuo
de la có…
Dos vidas
Guillermo y Antonio se encontraron, a los diez y nueve y diez y ocho años, respectivamente, huérfanos de padre y madre y con…
El enemigo
X
Los domingos en misa de doce veíala en la iglesia de Santa Clara, y en tanto que ella se entregaba a su fervor, de rodillas entre …
El ogro
En todo el barrio del Pacífico era conocido aquel endiablado carretero, que alborotaba las calles con sus gritos y los furiosos chasq…
El pecho desnudo
El señor Palomar camina por una playa solitaria. Encuentra unos pocos bañistas. Una joven tendida en la arena toma el sol con …
Ciudad
Un llanto,
un llanto de mujer
interminable,
sosegado,
casi tranquilo.
En la noche, un llanto de mujer me ha de…
Nada menos que todo un hombre
¡Pobre Julial Era terrible aquel su nuevo hogar; tan terrible como el de su padre. Era libre, absolutamente libre; podía hacer …
La inaccesible novia
No pasa una semana sin que, en Ginebra o en Lucerna o en Interlaken o en cualquier otra población suiza, un diario publique, indife…