Crítica Literaria
De un nido
Teniendo que ir a Madrid para la gestión de un asunto importante, de esos en que se atraviesan intereses considerables y que obligan …
De más lejos
A don Enrique Wernicke
Entre las dos raíces de eucalipto que empezaban a quemarse, así de grandes todavía, en el hue…
De un cuento conocido
Panchito el tartamudo era en la estancia objeto de continuas bromas. Su padre, don Ambrosio Lara, viejo ya y casi inútil para el tr…
Cuento de Navidad
Se hizo el silencio. La luz de la lámpara iluminaba despiadadamente el rostro mofletudo del joven Anton Golïy, vestido con la …
El nido de gorriones
Ancho, huesoso, atlético, con los hombros robustos, las piernas fuertes y el cuerpo encorvado por la edad, era el tío Roque un…
La agonía de La Garza
Vuelto a mi playa querida, pregunté por los míos. Mi playa es esa costa chata y riscosa que se duerme en línea temblona…
La vieja y el artista
Criado en soledad, sin avisos y enseñamientos de maestro, sin halagos ni mordeduras de camaradas, el retraído artista escuchab…
La bronceada
El enfermo exhaló una queja tristísima, revolviéndose en su cama trabajosamente, y la esposa, que reposaba en un sof&aa…
La deuda mutua
Don Regino Palacios y su mujer habían adoptado a los dos muchachos como cumpliendo una obligación impuesta por el destino. Al…
Un gracioso
Era la explosión del año nuevo: caos de barro y nieve, atravesado por mil carruajes, centelleante de juguetes y de bombones, h…
La inscripción del Faro de Alejandría
El primero y más grande de los Tolomeos se propuso levantar, en la isla que tiene a su frente Alejandría, alta y soberbia …
Abuela Julieta
Cada vez más hundido en su misantropía, Emilio no conservaba ya más que una amistad: la de su tía la seño…
El día 32
Ya no van a quedar más hojas del almanaque.
Era nuestra última fortuna. Dentro de un rato estaremos arruinados.
…
La envenenada
I
En uno de los barrios de los suburbios de una gran ciudad, uno de los literatos no tenía asunto. Esto le pasó desde el 24 …
La noche-buena
Al señor don Benito Mas y Prast.
Nos hallamos en Andalucía.
La tarde, llena de vagos rumores empieza a declinar.
Alguna…
Soledad
En ti estás todo, mar, y sin embargo,
¡qué sin ti estás, qué solo,
qué lejos, sie…
El vestido blanco
I
Yo estaba del lado de afuera del balcón. Del lado de adentro, estaban abiertas las dos hojas de la ventana y coincid&iacu…
El rápido París-Orán
Hay en todos los pueblos un grupo romántico de señoritos mozos que acuden a oler el perfume de lo nuevo que pasa en el ferroca…
Unos cuantos tomates en una repisita
Mirar no es como ver. Ver, es dejar que la luz obre sobre el dispositivo de los ojos. El que abre los ojos, el que no se los tapa, &ea…
En el insomnio
El hombre se acuesta temprano. No puede conciliar el sueño. Da vueltas, como es lógico, en la cama. Se enreda entre las s&aacu…